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Foto a foto el recorrido de la ruta

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Por la Sevilla Conventual y Mudéjar: Agua en los jardines interiores

Esta ruta que circula por un sector de la ciudad de Sevilla poco conocido y se adentra siguiendo los caminos del agua por patios, claustros y huertas interiores. Son los jardines interiores sin los cuales no se entiende la vida, historia y paisaje urbano de nuestra ciudad. Teniendo en cuenta el concepto de jardín meridional como compendio de arquitectura, agua, vegetación y orden, y articulador del paisaje urbano de la ciudad, el visitante de esta ruta podrá conocer el papel del agua en los jardines interiores. La ruta se adentra en patios y claustros del sector nordeste de Sevilla tan desconocido para muchos, un paisaje urbano mudéjar conformado tras la conquista cristiana de Sevilla en 1248.

 

 

Descarga aquí nuestro mapa y  cuadernillo de la Ruta Marrón

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Ejemplo de jardines interiores en el ámbito civil sevillano. Muy modificado en sus trazas originales debido a las reformas llevadas a cabo en el siglo XX, este antiguo patio de honor del linaje de los Ponce de León formó parte de un palacio con origen en el siglo XV, derribado en su mayor parte en los años 70 y hoy ocupado por viviendas contemporáneas. Sin embargo, aún conserva distintos elementos que constituyen el característico patio sevillano: la arquitectura porticada, la presencia del agua en este caso con fuente central, la vegetación y los arriates.

Construido a principios del siglo XVII según parece por Leonardo de Figueroa, arquitecto responsable de edificios como el convento de la Merced o el Hospital de los Venerables Sacerdotes, con los que guarda grandes parecidos. Llama la atención la originalidad de los soportes de las arcadas del claustro y el hecho de que las columnas apoyen sobre plintos decorados con rombos, algo único que no se da en ningún otro edificio de la ciudad de Sevilla. Una bella fuente escalonada con reflejos cerámicos centra la composición y los naranjos y arrayanes definen un conjunto vegetal poblado de laureles, rosas, clivias o cintas.

En 1403 se funda en este lugar lo que sería posteriormente un extenso convento compuesto por numerosas dependencias jardines y huertas siendo su gran iglesia retratada en las anotaciones de viajeros románticos como Richard Ford, que visita Sevilla en 1830. El templo actual se construyó sobre las ruinas del anterior –a su vez construido en 1877 sobre la iglesia que conociera este viajero–, quedando acabado y bendecido en el año 1999 gracias al esfuerzo de los cofrades y la decidida ayuda de Cayetana de Alba, Duquesa de Alba y conocida devota de Los Gitanos.

 

Según cuenta la leyenda, una Virgen ayudó a un niño que se había caído a un pozo del lugar elevando las aguas para que fuera rescatado. Se trata de los típicos relatos bajomedievales relacionados con áreas conventuales emplazadas en enclaves de abundante agua que justifican el emplazamiento original de estos complejos religiosos, generalmente con numerosas huertas de regadío.

La muralla musulmana rodeaba con sus 7 kilómetros de muro el conjunto de Isbiliya andalusí, contando con 166 torreones, 13 puertas y seis postigos. Construida básicamente en tapial, la muralla delimita un paisaje de solares urbanísticamente aún por definir y que fueron en su momento espacios ligados al convento del Valle antes de la Desamortización de 1835.

A extramuros la muralla marca el límite de los Jardines del Valle poblados de acacias blancas, limoneros, ciruelos, celestinas, naranjos, eucaliptos, etc.

 

 

Una de las escasas construcciones domésticas sevillanas de fines del siglo XV y principios del XVI que ha llegado hasta nuestros días. Pertenece a la tipología de vivienda particular de estilo mudéjar con huerta y jardín domésticos, presentando un valiosísimo patio que conserva los pilares de ladrillo que caracterizaban los patios de la Sevilla medieval, la mayoría de ellos desaparecidos debido al gusto por las columnas y pilares de mármol italiano puesto de moda en el siglo XVI.

Se trata de una zona verde que desde 2004 se ha convertido en símbolo de la lucha de un barrio frente a la especulación urbana, “un espacio verde autogestionado por y para el disfrute y el esparcimiento de los vecinos y vecinas del barrio, donde la agricultura urbana actúa como elemento aglutinante de personas, ideas, aprendizajes y convivencia” (Web https://www.huertodelreymoro.org/). Este huerto, con una superficie de unos 5.000 metro cuadrados aprox. posee un pozo histórico para el riego y se encuentra poblado de higueras, almeces, diversos cítricos, capuchinas, hinojos, ajenjos… Se trata, del jardinillo o huerto trasero de las viviendas sevillanas tradicionales.

Uno de los enclaves mudéjares más mágicos y bellos de Sevilla. Ocupado por las Jerónimas desde el siglo XV, alberga diversos patios y huertas, siendo el compás de la clausura el más íntimo y sugerente de Sevilla, un hortus conclusus de tapias blancas, pozo, macetas apostadas en la encalada escalera, arriates poblados de geranios y claveles, suelo empedrado, naranjos, nísperos, adelfas, pacíficos y el gran ciprés. El jardín del otro compás, el de la iglesia, queda aislado de la calle por un muro blanco y una pantalla verde de cipreses; varios setos albergan limoneros, jazmines, rosales, romero, palmeras, pacíficos…; un humilde pozo evoca la alberca que aquí hubo; y dos árboles de Júpiter flanquean la portada mudéjar de la iglesia, obra cumbre decorada con el lenguaje renacentista de Niculoso Pisano.

Poblada de naranjos y almeces, desde esta encantadora placita podemos disfrutar de la vista de las espadañas de Santa Paula y del Convento de Santa Isabel, convento de lenguaje renacentista fundado en 1490. La iglesia del convento de Santa Isabel fue proyectada por Alonso de Vandelvira, de quien es también la portada de piedra que se levanta al pie de la plaza, con bellos relieves y una serena belleza manierista. La fuente que preside la plaza es de Luis Fernando Gómez- Stern, de 1960, y fue rediseñada en 2012.

Construida tras el terremoto de 1356, su interior evoca claramente la antigua mezquita almohade. Bajo el mudéjar, se catalogan edificios construidos en los reinos cristianos donde la huella del arte hispanomusulmán, bien por los materiales utilizados, bien por la decoración empleada, bien por las tipologías arquitectónicas seguidas, está muy presente en estas construcciones que también cuentan con el lenguaje gótico cristiano. Es el caso de las iglesias parroquiales sevillanas, construidas en su mayoría en los siglos XIII, XIV y XV, de las que San Marcos es su mejor prototipo. Construida en ladrillo, del exterior del templo destaca la portada de piedra de tradición gótica y su altiva torre, seguidora por forma y decoración de los minaretes andalusíes

Situado en la larga y recta calle de San Luis, un eje viario que se adornó con arcos triunfales efímeros en la primavera de 1526 para ver desfilar las cortes imperiales que celebraron la boda del emperador Carlos I con Isabel de Portugal. Eran años en los que el Renacimiento y las modas italianas llegaban a Sevilla; Esta calle San Luis, jalonada de iglesias mudéjares y de ecos renacentistas con motivo de la citada boda imperial, ve surgir en el siglo XVIII el estruendo barroco de San Luis de Los Franceses. La iglesia fue diseñada por el arquitecto Leonardo de Figueroa y construida entre 1699 y 1730 por encargo de la Compañía de Jesús; tras la expulsión de los jesuitas de España en 1767 tuvo diferentes usos, siendo finalmente desacralizada para pertenecer hoy día a la Diputación de Sevilla. El enorme complejo constructivo ideado por los jesuitas para ser sede del noviciado, es un edificio de planta rectangular iluminado por cinco grandes patios antiguamente ajardinados. A la salida del actual circuito de visitas puede observarse uno de estos patios profusamente ajardinado. Aquí encontramos acantos, cítricos, aspidistras e innumerables especies vegetales típicas de los jardines sevillanos.

 

 

La Iglesia de Santa Marina con su torre mudejar es otro de los templos que siguen el modelo parroquial anteriormente descrito. Construida antes que San Marcos, la portada, los arcos que definen sus naves y el presbiterio presentan una fuerte impronta gótica, estando la decoración andalusí visible en la armadura de madera que sobrevuela las naves de la iglesia y, sobre todo, en las bellísimas capillas funerarias existentes.

La Iglesia de Omnium Sanctorum constituye uno de los templos más antiguos de la ciudad, levantada en 1249, y renovada a consecuencia de los daños sufridos por el terremoto en 1356. De su exterior destaca la típica portada de piedra de tradición gótica y en este caso una esbelta torre con decoración de tradición almohade similar a la existente en la Giralda. A esta iglesia daba en tiempos medievales una pequeña plaza en la que se celebraban ferias y mercados, hoy ocupada por el popular mercado de la calle Feria.

Uno de los palacios mudéjares más emblemáticos es el palacio de los Marqueses de La Algaba, iniciado en 1446, presenta una valiosa portada a modo de “retablo de poder” –una escenografía que deriva de la establecida por Pedro I para el Alcázar–, poblándose sus patios y estancias con mármoles de Carrara desde 1526, fecha en la que varios aristócratas sevillanos formaron una compañía con genoveses para traer este material de la mismísima Italia. Como en el caso de muchos palacios sevillanos su declive es total en el XIX, siglo en el que se venden sus mármoles y se convierte en un corral de vecinos y teatro. Tras un proceso ruinoso se rehabilita a fines del siglo XX y hoy alberga el Centro Mudéjar. Su patio ajardinado nos habla de un espacio porticado y un jardín de crucero presidido por una fuente. Un complemento al patio es el jardín trasero donde el espacio era más generoso con las plantas que en los patios centrales. Poco queda de lo que llegó a ser, aunque en el disminuido jardín actual podemos ver aún especies tradicionales como moreras, adelfas, naranjos o el exótico árbol pica pica, este último oriundo de Australia

 

 

 

 

Presenta dos salas expositivas en la que pueden verse diversos elementos ligados a edificios religiosos y civiles de la Sevilla mudéjar. Destacan los relacionados con el agua, desde pilas bautismales a brocales de pozo, cántaras o conducciones cerámicas para el abastecimiento, además de un gran catálogo de azulejos, cuya fabricación demandaban gran cantidad de agua tal como podemos ver en el Centro de la Cerámica de Triana.