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Ruta Turquesa

Foto a foto el recorrido de la ruta

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El agua en el Parque del Alamillo: Paseos por paisajes naturales y agrarios de Andalucía

 La ruta tiene como eje temático o argumento principal el conocimiento, contemplación y disfrute de distintos paisajes andaluces vinculados al agua y al secano, representados en el parque.

Inaugurado el 12 de octubre de 1992, tras su ampliación de 2014 el Parque del Alamillo ha superado  las 120 hectáreas. Diseñado al modo más paisajista, sin setos formales, poblado de senderos curvos y praderas, está conformado por especies autóctonas o asimiladas históricamente a los paisajes agrarios andaluces. Así, es la capacidad de este parque a la hora de evocar los distintos paisajes lo que  otorga valor especial a este espacio verde.

 

 

Descarga aquí nuestro mapa y cuadernillo de la Ruta Turquesa

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Típico paisaje del Parque de Los Alcornocales de la provincia de Cádiz y otros enclaves andaluces y extremeños. Las dehesas son producto de la eliminación completa del estrato arbustivo natural y aclareo del estrato arbóreo, transformándose el “monte ciego” impenetrable en “monte hueco”. Con ello se consiguen árboles de mayor porte, de los cuales se aprovechan abundantes frutos para el ganado. La entrada del sol en este monte ahuecado permite también cultivos de secano. Así el hombre obtiene usos ganaderos, forestales y agrarios.
Pero al margen de estos aprovechamientos, paisajísticamente la dehesa resulta de gran interés para el Alamillo, ya que el Parque se conforma con una sucesión de dehesas delimitadas por el “monte ciego” o matorrales opacos a la vista. Así, el “monte hueco” se comporta como el lugar para estar, comer, jugar y disfrutar, mientras que el matorral cierra visualmente cada dehesa. El resultado es un lugar amable, muy equilibrado entre zonas de estar o dehesas y matorrales que “tabican” cada estancia verde, otorgando privacidad a las distintas áreas recreativas.

El camino que conduce al Lago Menor permiten observar Paisajes de secano y paisajes del, es decir, el contraste entre los paisajes de clima mediterráneo marcados por la adaptación de la vegetación a la aridez estival y aquellos entornos como las riberas de los ríos donde hay humedad en el suelo durante el verano.
En el primer caso dominan especies como lentisco, madroño, romero, espliego, arrayán, olivilla, alcornoque, encina, pino, acebuche o algarrobo. En el segundo caso, y en función de la cercanía al curso de agua, encontramos una sucesión de vegetación característica. Así, los olmos se ubican a modo de transición entre el bosque mediterráneo y el de ribera; los fresnos son más exigentes en humedad y conforman un cinturón más cercano al agua; chopos y álamos definen el bosque principal; y sauces y otras especies amantes del agua se ubican al pie del curso fluvial.

La lámina acuática es una recreación de los cursos fluviales o lagunas existentes en Andalucía, donde al estrato arbóreo ya visto anteriormente se suman abundantes arbustos de ribera como las adelfas, los durillos o los tarajes.
Al margen de la riqueza vegetal, el Lago Menor ofrece una gran variedad e interés faunístico. Así, en el Alamillo hay más de cien especies distintas de aves, pudiéndose observar fácilmente patos, pollas de agua y otros ánsares, además de mirlos, cernícalos, petirrojos y gorriones, o escuchar cómo cantan ruiseñores o jilgueros. Pero, además, el visitante de la ruta puede toparse también con ranas y sapos, culebras, topillos, lagartos…
Forestier crea todo un “eje acuático” que estructura el parque, pudiendo el visitante de la ruta disfrutar del agua en un recto paseo que une el Monte Gurugú, el Jardín de los Leones, la alberca inspirada en el Generalife, la Fuente de las Ranas, la Isleta de los Patos, la fuente de la Glorieta de Juanita Reina y el gran Estanque de los Lotos.

Es la alameda natural, la cual flanquea el curso de agua que comunica el lago visto anteriormente con el Lago Mayor. Si hay una especie de ribera característica de los ríos sevillanos ese es el álamo blanco, objeto de canciones del Renacimiento, presente en sevillanas del siglo XVIII y retratado por todos los pintores paisajistas del siglo XIX y XX. Pero el álamo es de capital importancia también al ser la especie representativa que originó la Alameda de Hércules, madre de la alamedas americanas y de este modelo de paseo arbolado.

Flanqueado por el llamado Paseo Norte-Sur y la Vía Anular. Se trata de una gran lámina de agua poblada de isletas con adelfas, durillos y otras especies amantes del agua, y rodeada por un gran cinturón verde de bosques de ribera y tarajales.

Tras rodear al Lago Mayor, con dirección Puerta Norte del parque, nos encontramos un pequeño sendero situado a nuestra derecha que conduce al Camino de Demófilo, poblado de acebuches. Es un paraje homenaje a la saga de los Machado, concretamente al padre de Antonio y Manuel Machado, conocido como Demófilo, estudioso y experto en el cante flamenco.

 

Este paseo permite también contemplar quizás la más bella de las dehesas del parque, en concreto un extenso encinar, constituida por la especie que produce las bellotas más estimadas por el cerdo ibérico, animal estrella de la gastronomía española.

La dehesa de encinas nos conduce a la Plaza de España y el hermoso pinar que rodea los diversos monumentos que las distintas comunidades autónomas han decidido alzar en el Parque.

Sendero flanqueado por altos arbustos mediterráneos y numerosos palmitos.

Típica construcción agrícola andaluza destinada a la explotación de la tierra. Construido a mediados del siglo XX, el cortijo hoy día constituye un centro de recepción de visitantes y un enclave para la celebración de las numerosas actividades del parque, desde talleres de participación ciudadana a exposiciones o veladas culturales en verano.

El Paseo de los Almeces nos conduce a paisajes completamente diferentes a los vistos hasta ahora, ya que dirigimos nuestros pasos al gran Guadalquivir y a las huertas y naranjales típicos de la agricultura de la Vega de Sevilla.

Es necesario un permiso para visitarlo de forma específica, está conformado por lo que fue el gran suministro de especie vegetales para la Sevilla de la Expo 92.

Situado junto al río frente al emblemático monasterio de San Jerónimo, lugar favorito de las correrías infantiles de nuestro poeta junto a su hermano Valeriano. El monumento, una cruz de mármol de Macael diseñada por Luigi Maráez con proporciones áureas, se rodea de álamos blancos y varios cipreses para crear un ámbito y naturaleza becquerianas.

Desde donde podemos contemplar la belleza y riqueza ambiental del Guadalquivir. El paisaje ribereño que observamos viene marcado por hitos arquitectónicos tan potentes como el Huevo de Colón o los restos del monasterio de San Jerónimo Buenavista, por la gran obra hidráulica del Tapón de San y, especialmente, la riqueza vegetal y faunística de este entorno privilegiado.

Las huertas de regadío y altos eucaliptos definen el paisaje. Pese a los problemas que acarrea a otras especies, la silueta del Guadalquivir en esta zona se identifica claramente con el alto porte de estos eucaliptos, especie introducida que comparte el talud con la reciente repoblación de álamos, chopos, fresnos, olmos, adelfas o tarajes, especies típicas de las riberas andaluzas.

 

Característicos de la Vega de Sevilla. En esta comarca han convivido históricamente el bosque mediterráneo, explotaciones agrarias de secano –cereal y olivar– y huertas regadas con las aguas de pozos y norias. Este paisaje tradicional fue transformado en el siglo XX gracias a las políticas estatales impulsoras del regadío, origen de los cientos de hectáreas de naranjales existentes en la provincia sevillana.La Huerta Grande y la Huerta Vieja. Desde el ombú de Hernando Colón el paseante puede dirigirse a través del Patio del Ave María hacia La Huerta Grande y la Huerta Vieja de La Cartuja. La primera es la más extensa y presenta rectos caminos bordeados por atarjeas para el riego y altos cipreses. Estos caminos delimitan cuadrantes sembrados principalmente de cítricos como limonero, naranjo amargo y naranjo dulce. La Capilla de Santa Ana, construida a finales del siglo XVI y convertida luego en cenador de verano, centra este vergel al ubicarse sobre la gran alberca-galapaguera que recogía el agua de las norias para distribuirla por todo el conjunto. Contigua a la Huerta Grande se encuentra la Huerta Vieja y la capilla de las Santas Justa y Rufina, reformulada por los Pickman a modo de pabellón orientalista. En aquella capilla, edificada en el siglo XVI, oraban aquellos monjes que por peste, lepra u otra enfermedad no podían convivir con el resto de la comunidad. Desde este mirador se observan los cuadros de olivos y naranjos, además del Jardín de Flores, este último edificado en la etapa fabril y presidido por una monumental fuente.

Conformada por palmas de origen americano, nos conduce al inicio de la ruta.

Diseñado por Santiago Calatrava con motivo de la Expo del 92, consiste en un pilón de 142 m de altura inclinado en un ángulo de 58º, del que parten trece pares de tirantes paralelos. Dichos tirantes conectan con una viga de hormigón hexagonal de 200 m de luz que alberga seis carriles de tráfico rodado y un paseo peatonal elevado en el centro, en el cual ter- mina una ruta que dirige su mirada final al rico paisaje que compone el río Guadalquivir.