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El abastecimiento tradicional de Alcalá de Guadaíra, igual que en la mayoría de los municipios, era mediante pozos grandes y norias, tiradas por mulos o bueyes, que servían para regar

Las fuentes que antiguamente existían en la parte más alta del acuífero fueron desapareciendo con el paso del tiempo y solo quedaron las fuentes y los arroyos más bajos.

Con todo, la forma primordial de abastecimiento de la población se realizaba a través del aprovechamiento de las lumbreras, que habían construido los romanos, como pozos; de tal forma que, durante la expansión de Alcalá, sus habitantes fueron ocupando los terrenos de los cerros por los que iba la galería y construyendo encima sus viviendas, disponiendo así de un suministro de agua prácticamente inagotable.

Segunda fuente en Alcalá. Instalada en la plaza del Duque, antiguamente llamada plaza de las Eras, inaugurada en 1902

Respecto a la profusión de pozos, el padre Flores escribió en 1833 que “son tantos los manantiales de esta villa, tanta el agua subterránea de ella, que no parece pueda alcanzarlo la diligencia humana, a no ser que fuera dado caminar por debajo de la tierra con la misma facilidad que sobre ella. Cada día se van manifestando muchos donde antes no los había, y ya Méndez Silva contaba en su tempo cincuenta fuentes copiosas, y otros autores sesenta nacimientos de agua clara, dulce y saludable, sin hacer mención de la mucha que corre por los pozos del pueblo, por las huertas, molinos y otras posesiones que tienen lo necesario para su uso a aún sobrante”. Es probable que la presencia de pozos en las casas condujera a una escasa presencia de fuentes públicas en la localidad.

Pozo junto al castillo

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