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Los inicios de los Caños de Carmona

A lo largo de la historia, Sevilla ha tenido distintas fuentes de abastecimiento: El agua del río Guadalquivir, pozos públicos y privados, aljibes, Caños de Carmona, la Fuente del Arzobispo y la fuente de Tomares

El acueducto de los Caños de Carmona, una de las principales fuentes de abastecimiento de agua en la ciudad, tiene su origen en la época romana en el siglo II.

El manantial que lo abastecía, llamado de Santa Lucía, se ubicaba en Alcalá de Guadaira y atravesaba la villa bajo tierra, discurría cerca del castillo de dicha localidad y bordeaba el alcor hasta la vega, donde el agua salía a la superficie a la altura del actual polígono de la Red (antigua hacienda de la Red).

En el trayecto subterráneo tenía unos pozos llamados lumbreras que servían para acceder con facilidad a la mina y poder realizar limpiezas y reparaciones. Cerca de esta hacienda, el agua se vertía a través de un sifón a una acequia al aire libre, que la conducía hasta Sevilla y pasaba por debajo del humilladero de la Cruz del Campo, y desde aquí circulaba el agua sobre el canal de los Caños hasta la Puerta Carmona, de ahí su nombre.

Durante la época romana, el agua se recepcionaba en un gran depósito situado en la actual plaza de la Pescadería, desde aquí, a través de tuberías de barro se distribuía el agua por la ciudad. La capacidad de este depósito la podemos calcular en unos 1.173,28 m3 de agua. El acueducto desapareció por la dejadez de los mandatarios durante la caída del imperio romano a partir del siglo V y VI.

En el año 712 los musulmanes conquistan Sevilla, pero será en la época del califaAbu Yacub Yusuf, en 1171, cuando se rehacen los Caños de Carmona; un ramal de este abasteció su estrenado palacio de verano y de recreo, La Buhaira. Por otra parte, el ramal principal llegaba hasta la puerta de Carmona y desde ahí partía una tubería embutida en la muralla de la zona de los jardines de Murillo hacia el Callejón del Agua para abastecer al Alcázar y la ciudad.

Este documento antiguo de época árabe nos narra cómo los musulmanes encuentran los vestigios del antiguo acueducto romano. Según Ibn Sahib Al–Sala, en el documento al-Mann bi-l-imama (páginas 468 y 469 tex 190 y 191 traducido), cuenta:

“Una vez que estuvo consolidado el emir de los creyentes (Abu Yaqub Yusuf), cuidó de hacer llegar el agua para regar la plantaciónde árboles que tenía en la Buhaira, a la salida de la puerta de Carmona, ya en la vega y en la vía que conduce a esa ciudad, había una antigua huella de la construcción de una acequia que había quedado soterrada, dejando un trazo de piedra que no permitía descubrir de qué se trataba. Se encaminó hacia ella el ingeniero al-Hayy-Ya-is y realizó una excavación en torno a la huella en cuestión. Resultó ser el resto de una conducción por la cual se traía agua a Sevilla desde tiempos antiguos, una de las obras realizadas por los primeros reyes que hubo entre los romanos, de los pasados siglos… El ingeniero Ya is no dejó de excavar con los mineros y los operarios, con los cientos de hombres y de personal a su servicio hasta que la excavación alcanzó el antiguo manantial conocido entre la gente de Sevilla y de sus contornos con el nombre de manantial de al Gabbar, nombre que llevó en tiempos pasados; y he aquí que el agua de aquel supuesto manantial no era de este, sino que procedía de un lugar hendido en la misma trayectoria que seguía la antigua conducción. Entonces cesó de fluir el agua ante la gente, una vez llegada la excavación al mencionado manantial. Por esto y de esta manera comprendió Ya is que había dado con la seguridad, con la conducción subterránea de agua. Y, así, continúo el trabajo hasta encontrar la canalización procedente del río, situada en las cercanías de Alcalá de Guadaira (Qal at Yabir)”.

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