La respuesta de EMASESA y +Salud ante el desafío del cambio climático

 El aumento de las temperaturas, la irregularidad de las precipitaciones y la mayor frecuencia de lluvias extremas suponen un reto ambiental y de salud de primer orden, que está transformando la gestión del ciclo integral del agua. En este contexto, el programa +Salud de EMASESA se consolida como una estrategia integral que anticipa riesgos y refuerza la vigilancia sobre la calidad del agua.

Durante los dos últimos años hemos sufrido las dos caras más evidentes del cambio climático en Sevilla y su área metropolitana. Se ha pasado de la sequía más larga e intensa conocida, a episodios de lluvias torrenciales que han provocado multitud de problemas a la población y al entorno natural.

Esta situación ha incrementado la presión sobre los recursos hídricos disponibles, comprometiendo no solo la garantía del abastecimiento sino también equilibrio de los ecosistemas” subraya Benigno Lopez, jefe de División de Medioambiente.

En este contexto, EMASESA está estudiando el impacto del cambio climático en los embalses, centrándose en la evolución de volúmenes, el aumento de la temperatura, la estratificación y la proliferación de algas y cianobacterias, así como en la movilización de contaminantes desde los sedimentos, procesos que pueden afectar a la calidad del agua bruta y a los tratamientos necesarios para garantizar un suministro seguro.

Los múltiples frentes del cambio climático

Pero el cambio climático es poliédrico y va mucho más allá, manifestándose en múltiples frentes interconectados.

  • Contaminantes emergentes: El aumento de temperaturas y los cambios en los patrones de lluvia alteran los ciclos naturales del agua y la capacidad de los sistemas de depuración para eliminar sustancias como fármacos, pesticidas o productos de higiene personal. Esto puede provocar una mayor concentración de estos contaminantes en ríos y acuíferos, alterando los ecosistemas acuáticos y la biodiversidad que actúan como barrera natural frente a estos incrementando por tanto el riesgo para la salud pública.
  • Microplásticos: Las lluvias torrenciales y la erosión arrastran más residuos plásticos hacia los sistemas acuáticos. Además, el calor acelera la degradación de plásticos y su fragmentación en partículas micro o nano, difíciles de filtrar y eliminar en los procesos de depuración, y potencialmente dañinas para la salud humana y animal.
  • Resistencia antimicrobiana (RAM): Este es uno de los principales retos sanitarios identificados por la OMS, de cara a 2050. El estrés hídrico y los episodios extremos pueden favorecen la concentración, la persistencia y dispersión de bacterias resistentes a antibióticos en aguas residuales y naturales.

Infraestructuras resilientes y gestión basada en el conocimiento

Frente a este escenario, +SALUD impulsa una gestión basada en la anticipación, la vigilancia avanzada y la cooperación científica/tecnológica” comenta Consuelo Juan Rodriguez, jefa de division de calidad

La digitalización de los sistemas de control permite monitorizar en tiempo real el ciclo integral del agua completo, activando alertas tempranas ante cualquier anomalía.

La innovación tecnológica es clave para afrontar la aparición de nuevos contaminantes en un contexto de cambio climático. La nueva Directiva de Tratamiento de Aguas Residuales Urbanas (DTARU), actualmente en proceso de transposición, establece la incorporación progresiva de tratamientos avanzados para mejorar la eliminación de microcontaminantes como fármacos, pesticidas o microplásticos. En paralelo, la colaboración con universidades y centros de investigación permite avanzar en la detección de compuestos y microorganismos emergentes, así como en el estudio de la presencia de bacterias resistentes a antibióticos en aguas residuales, un fenómeno en auge que preocupa a la comunidad científica internacional, y en el que EMASESA ya está involucrada.

Desde una gestión circular del agua, basada en la eficiencia y en el uso responsable de unos recursos naturales cada vez más escasos, el aprovechamiento de aguas regeneradas permite reducir la presión sobre las fuentes convencionales y se apoya en una normativa que incorpora de forma expresa la gestión del riesgo sanitario y ambiental para garantizar su utilización segura.

Por otro lado, infraestructuras como los depósitos de retención de aguas pluviales (DRAP) y los sistemas urbanos de drenaje sostenible (SUDS) permiten minimizar la entrada de contaminantes en los cauces receptores y reforzar la seguridad de las ciudades frente a episodios de lluvia intensa, al laminar los caudales y favorecer la infiltración y filtración del agua en el terreno.

La salud también se protege desde la corresponsabilidad; EMASESA desarrolla programas de educación ambiental y ciencia ciudadana, que fomentan hábitos responsables e incorporan la perspectiva One Health de interconexión de nuestra forma de vida, el medio natural y sus efectos directos e indirectos en nuestra salud, y contribuyendo a una ciudadanía más informada y corresponsable con la protección de los ecosistemas acuáticos, y en definitiva con su propia su salud.

Gestión del riesgo desde una visión One Health

EMASESA aborda la seguridad del agua de forma integral, tanto en el abastecimiento para consumo humano como en las aguas regeneradas y residuales, incorporando los efectos del cambio climático en la identificación de peligros y en el control de los procesos a lo largo de todo el ciclo del agua. Esta visión se articula a través de los planes de gestión del riesgo sanitario y ambiental, que permiten anticipar escenarios, definir medidas preventivas y reforzar la protección de la salud de las personas, de los ecosistemas y del territorio desde el enfoque One Health.

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